14.6.05

El hombrecillo del baño con tendencia al suicidio.

Ya sabéis que la estancia más interesante que tiene mi casa (por posibilidad de anécdotas) es el baño.
Por un lado estaba el lavabo original (del plano) precioso y de diseño, que se borro del mapa a la primera posibilidad de dejar el piso en alquiler.
Después llegó el artístico toque de clase que pretendía aportar mi madre dibujando en los elementos mis iniciales con ese estilo a lo tribal-colonial que ella tiene, pero la iniciativa se resquebrajó al mismo tiempo que el 1º water dentro del horno (los waters no son lo que eran) así que ni nos lo planteamos con la bañera y el resto.
Hoy por hoy en nuestro baño solo hay un par de cosas intrínsecas a él, sin las que nuestra casa no sería nuestra casa. Una de ellas es la maldita gota que cae de la válvula de seguridad del termo (o de donde le venga en gana según el intento de arreglo) y que solo hemos conseguido solucionar, en parte, dejando caer una leve gotita del grifo.
Según mis cálculos, una incidencia menor a 0.3g/s (gota/segundos) no hace el menor efecto, y 2g/s hace desaparecer por completo el problema liberandonos de limpiar/secar el suelo del baño al llegar a casa. Esa incidencia en cambio, atenta contra mi conciencia ecológica.
Por lo pronto hemos puesto un temporizador en el enchufe del termo, que nos hará ahorrar en electricidad y dedicar un rango muy concreto a la preocupación por si hemos dejado o no la famosa gotita antes de salir de casa.

Otra de las características de nuestro baño es que, desde hace algún tiempo, convivimos con el hombrecillo de la maquina de afeitar. Una figurita de las que dan personalidad, de las que dicen algo de ti y tu gusto (pocos tenemos dinero para amueblar una casa realmente a nuestro gusto a excepción de esas cositas.) Una tontería de esas que me encantaría comprar en cuanto las veo y que solo tengo gracias a Luisa, que nivela un poco mi alma de hormiguita esperando al invierno.
El caso es que ese hombrecillo tiene una tendencia suicida de lo más peligrosa. Al principio pensamos que se trataba solo de una búsqueda de emociones extremas hasta que nos lo encontramos decapitado en el suelo en uno de sus intentos de suicidio.
Habiendo visto pegar una cornisa con yema de huevo de palmera siendo imposible el posterior despegue (rompiendo incluso pared en el intento) decidí que lo mas correcto para reparar la cabeza de un hombrecillo que vive en un cuarto de baño era usar pasta de dientes. La cabeza quedó perfecta, incluso parecia tener un carácter mas flexible, pero Luisa se empeñó y acabamos usando superglú. Esa fue su perdición, ahora no hay quien le haga reflexionar. Tiene el maldito una rigidez e intransigencia tal en sus ideas de suicidio que casi te compadeces.
Y ahí lo tienes, se acaba de partir una pierna y no hay manera, se niega a hablar y solo refunfuña. Estoy por ponerlo debajo de la gotita, a ver si se suaviza un poco.
Tarde o temprano tendrá que dejarnos arreglarle la pierna. Con pasta de dientes o sin ella.